La comunidad del anillo y la doble moral de los colombianos.

En los últimos días nada ha causado tanto revuelo en el territorio colombiano como el tema concerniente a la denominada “comunidad del anillo”, una supuesta red de prostitución que exigiría a miembros de rangos inferiores de la policía nacional sostener relaciones sexuales con personajes de alto rango y miembros de la vida política a cambio de favores políticos y militares y que, con el transcurso del tiempo y de las investigaciones, ha sido vinculada, no solo como una red de prostitución y tráfico de influencias, sino también a supuestas “chuzadas” hechas a diferentes periodistas e, incluso, a un posible homicidio que se habría hecho pasar como suicidio con el objetivo de silenciar a quien podría haber dado más información acerca de dicho caso, la cadete Lina María Zapata; hecho que fue denunciado por sus familiares pues, según aseguran, la escena de su muerte fue manipulada y han mostrado, ante los entes correspondientes, diversas pruebas que respaldan su posición.

Dicho escándalo ha causado la renuncia de diferentes personajes, especialmente en el transcurso de la última semana, en donde se reveló un vídeo que muestra una conversación entre el ex viceministro Carlos Ferro y uno de los personajes que ha demandado la existencia de la supuesta “comunidad del anillo”, el capitán de la policía Ányelo Palacios, dentro del vídeo los involucrados hablan de temas sexualmente explícitos y se da a entender que buscan el lugar y el momento para sostener una relación sexual, sin embargo, no se prueba que este encuentro sea el resultado de una red de prostitución y, mucho menos, que alguno de los dos vaya contra su voluntad, por el contrario, ambos personajes manifiestan y parecen tener interés.

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De esta forma, la publicación de dicho vídeo por parte de una prestigiosa cadena radial y, más específicamente, bajo la responsabilidad de la periodista Vicky Dávila, suscitó una serie de controversias que llevaron a plantear un nuevo cuestionamiento, ¿hasta dónde debe llegar la actividad del periodista?, ¿Es válida la transgresión de la intimidad?, y si lo fuera, ¿en qué condiciones? La ausencia de carácter probatorio en el vídeo y la transgresión de los límites de la intimidad dejaron entrever la irresponsabilidad y el amarillismo con que éste se publicó, judicialmente no se avanzó con dicha publicación y, por el contrario, se destruyeron las vidas de diferentes personas gracias a su contenido. Por ejemplo, el protagonista del vídeo, el entonces senador Carlos Ferro, tiene dos pequeños niños, una niña y un niño de 10 y 15 años respectivamente que, a su corta edad, tuvieron que encontrarse inmersos en un escándalo de este calibre y que, seguramente, tendrán que vivir fuertes consecuencias a causa del irresponsable actuar de su padre y la morbosidad y amarillismo de la periodista.

Por otro lado, este hecho ha dejado entrever la doble moral que muchos de nosotros tenemos y dejamos salir en situaciones como estas, además del caso mencionado, el país se ha encontrado involucrado en diferentes controversias como la venta de Isagén, la desnutrición y muerte de niños en la Guajira y millonarios sobrecostos en Reficar, entre muchos otros casos de corrupción; casos que han sido olvidados por el morbo que genera este tema, y no sólo eso, sino que además, dejando atrás la naturaleza de corrupción y de prostitución, posiblemente forzada, de la “comunidad del anillo”, en lo único en que nos concentramos y lo único que aparentemente nos indigna es la existencia de homosexualidad dentro de las instituciones de nuestro país, ¡vaya sorpresa en pleno siglo XXI!, y es que ¿por qué preocuparnos por la corrupción o la muerte de niños en situaciones de desnutrición, si estamos siendo gobernados y protegidos por unos homosexuales? ¡Qué horror!.

Y no se confundan, no estoy cuestionando la posible existencia de esta “comunidad”, no estoy defendiendo a sus supuestos integrantes, ni estoy juzgando a quienes critican estos actuares y luchan por descubrirlos, sin embargo, estoy claramente en desacuerdo con dejar atrás el verdadero problema del caso y los demás hechos de corrupción solo por el morbo, el amarillismo y la incapacidad de entender algo que, en pleno siglo XXI, ya debería entenderse y aceptarse. Y es que no es sólo eso,  sino que  también muchas de las personas que atacamos y juzgamos somos las mismas que cuando estamos frente a la sociedad aseguramos, con una sonrisa en la cara y orgullosos de eso, ser ejemplos de ciudadanía, indignados cuando alguien más actúa de forma prejuiciosa y discriminadora, a menos que sea mi mismo prejuicio y discriminación claro está, aseguramos ser respetuosos, incluyentes, comprensivos y benevolentes, sin embargo, en nuestro propio actuar reflejamos lo contrario, y lo único que demostramos es nuestra doble moral e hipocresía.

No espero cambiar el mundo con este artículo, y muy probablemente la mayoría de personas que actúan de esta forma ni siquiera lo leerán o llegarán hasta este punto, por el momento, me conformo con haber manifestado mi inconformismo y haber expresado mi opinión y, muy a mi pesar, volveré a las redes sociales cargadas de ignorancia, amarillismo y homofobia, al menos hasta que la llegada del papa, un partido de la selección, un gol robado, la lesión de un futbolista u otra noticia de mayor calibre nos haga olvidar este suceso, tal y como olvidamos cada escándalo con la llegada de uno nuevo.

Escrito por: Diego Francisco Rodríguez Giraldo.

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